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Desde hace muchos días que me carga esta gran necesidad de abrazar a la mami Fina, de ver jugar a Nina y cantar con ella, de ver a mi mamá y contarle las cosas del día, de escuchar sus historias locas, así como las historias que nos contaba la mi mami Fina, entre arrullos y cuentos, aunque siempre terminara contándonos la historia de su vida; me hace pensar sobre mí, pues si yo tuviera que contar o describir los hechos que envuelven a mi nacimiento, no tendría una historia de amor, ni siquiera la historia del susto jocoso de un accidente de calentura, quizá, preferiría decir nada.  Aunque ha sido la historia que palabreé por tantos años para intentar comprender el odio y el dolor profundo que llegué a sentir por la persona que soy, o que fui; no sabría decir nada de esta historia que me arropó bajo una profunda tristeza por muchos años; tanto, que me llevó un buen tiempo descubrir que no estaba en un momento difícil, que no atravesaba la crisis de la adolescencia, ni de los 20s, ni de los 30s; sino que estaba profundamente triste porque no sabía que hacer conmigo y mis circunstancias. Un sinnúmero de veces me sentí como una isla, alguien que nació con la espina del desarraigo clavada a su espalda, conectada desde ninguna parte visible hacia la nada, flotando en un mundo imaginario e idealizado en el que podría anclar... Solo con el tiempo, cuando dejé de jugar a ser adulta y me abordé con la seriedad con la que juegan los niños, empecé a hacerme cargo; y fue más duro aún, no sabía que se podía traer tanto entre las manos, enredado en el pelo y hasta en la mugre de las uñas. Dejar de vivir del discurso hecho como traje a medida y volverlo piel, y hacerlo carne que seas tú desde el tuétano, es la única forma de poder andar, porque aprendí, quizá de mala manera, que no hay retorno, hacer del cuerpo la primera trinchera, el hogar, el calor del fuego que aviva, y la brisa que sopla a las horas incansables, maternarse y parirse, una y cada vez que sea necesario, y buscar y no hallar, y encontrar más de lo que buscabas y pasarse por las circunstancias porque  solo así estás siempre en tu hogar, sólo así se está en paz. Y aunque esas ganas siguen por aquí estos días porque ya no puedo abrazarlas aquí y ahora, puedo decir estar agradecida por las hermanas, las amigas, las hijas, las sobrinas, las abuelas; aquellas y aquellos que me abrazan, me cantan, me cuentan historias, me marternan y a quienes materno y me acompañan a celebrar y honrar la vida.

Comentarios

  1. Hermosa reflexión ññ ❤️me haces pensar muchas cosas pensar que si pudiera devolver el tiempo lo aria solo para pedir disculpa a las personas q más quise y no puedo hacerlo y eso me duele pero me doy cuenta q eres una mujer valiente ññ mi heroina favorita

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